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¿País maduro en infraestructuras? La Vanguardia 26-01-2015

Josep Túnica / Presidente de Asinca

En sentido afirmativo, la frase "Somos un país razonablemente maduro en materia de infraestructuras" se escucha últimamente con facilidad en medios de comunicación y también en algunos responsables de la Administración. Habría que puntualizar qué entendemos por "razonablemente maduro". Es cierto que en los últimos 30 años se ha hecho un esfuerzo inversor muy importante y disponemos de una red de infraestructuras que nada tiene que ver con la que teníamos cuando recuperamos la democracia. Pero si nos comparamos con los países de nuestro entorno, en materia de infraestructuras vemos que hay mucho camino por recorrer. A pesar de esta cantidad importante de inversión, todavía tenemos graves problemas de movilidad que son propios de una sociedad moderna, estable y madura. No hay que mirar muy lejos para ver cómo tienen que ser los accesos al aeropuerto, o con qué carencias también de accesibilidad tenemos que luchar año tras año por mantener los puertos de Barcelona y Tarragona en una situación puntera en Europa. Enlaces viarios fundamentales inacabados, incluyendo una N-2 de presencia constante en los presupuestos pero que sobre el terreno no avanza. El funcionamiento de Cercanías y la existencia de tuneladoras paradas y soterradas en el subsuelo de Barcelona no son precisamente un buen ejemplo de madurez.

Por otra parte, es cierto que tenemos gran parte de infraestructuras muy nuevas y algunas de última generación. También es verdad que algunas de ellas incluso sobredimensionadas e injustificadas. Estos excesos son errores que hay que corregir, y no nos tienen que confundir con respecto a las carencias reales que tenemos. En este caso los excesos no compensan las carencias, si no que las incrementan.

Creo que la actual situación de penuria económica de la Administración es la que nos lleva hacia esta autocomplaciente percepción de madurez en infraestructuras. Más aún cuando gran parte de estos escasos recursos ya están comprometidos en decisiones del pasado. Estoy seguro de que si dispusiéramos de recursos suficientes, tendríamos una lista de nuevas inversiones. Lista que, por supuesto, la Administración se tendría que asegurar de que estuviera bien justificada y con el correspondiente análisis previo de coste-beneficio.

Mientras tanto es muy importante no olvidar que para optimizar las inversiones ya hechas los últimos años tiene que haber un correcto mantenimiento. El otro apartado que tendríamos que priorizar mientras tenemos falta de recursos es profundizar en los modelos de gestión de las infraestructuras existentes. Tenemos en este aspecto un importante recorrido.

La reflexión final es que la sociedad en general, y especialmente la Administración tendrían que considerar la madurez de nuestro sector de las infraestructuras no sólo por la cantidad de lo que ya hemos hecho. Una sociedad moderna y madura se evalúa constantemente mediante el cumplimiento de objetivos relativos a las necesidades actuales y futuras. Sólo así podríamos considerarnos un país razonablemente maduro en infraestructuras.

La Vanguardia 26-01-2014

 

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